El desafío de la resolución de conflictos en equipos de trabajo


Resolución de conflictos - Dirección y Liderazgo


A lo largo de nuestra vida, es común encontrarnos en situaciones donde debemos colaborar en equipos de trabajo. Ya sea en el ámbito laboral o en proyectos académicos, la interacción con otros individuos puede generar desacuerdos y tensiones. Sin embargo, es importante reconocer que algunos rasgos de personalidad pueden predisponer a ciertos individuos a ser más conflictivos que otros en este contexto.


Según expertos pensadores, sociólogos y psicólogos especializados en la resolución de conflictos en equipos de trabajo, podemos identificar tres perfiles típicos: "el caradura", "el desubicado" y "el aventajado". Cada uno de estos perfiles presenta comportamientos específicos que pueden afectar negativamente el desempeño del equipo. Afortunadamente, existen técnicas que nos permiten neutralizar estas situaciones y promover un ambiente de trabajo armonioso y productivo.


El caradura: Este individuo se destaca por no asumir su parte de responsabilidad en el trabajo encomendado, incumpliendo con las tareas asignadas. Además, tiende a justificar constantemente sus errores y muestra poco compromiso al evitar reunirse con el grupo.

Para abordar esta situación, es fundamental establecer normas claras desde el inicio y dejar en claro que este comportamiento no será tolerado. Se deben comunicar las posibles sanciones que podrían aplicarse en caso de persistir en esta actitud. Es recomendable que, previo a la sanción, se le brinde al individuo una advertencia por escrito, evitando un lenguaje hostil y buscando su alineación con el equipo. Si la actitud no cambia, la expulsión del individuo puede ser la última medida a tomar.


Además, al conformar el equipo de trabajo, es crucial asegurarse de que todos los miembros comprendan el nivel de compromiso requerido para alcanzar los objetivos. La sinceridad en la expresión de disponibilidad y capacidad de cada miembro ayudará a equilibrar las cargas de trabajo y cumplir con los plazos establecidos.


El desubicado: Este perfil se caracteriza por su falta de participación activa en el equipo. No expresa opiniones ni interviene en la toma de decisiones, mostrando desinterés por las actividades y centrando su atención en los demás.

Es posible que esta actitud se deba a una falta de comprensión de los objetivos, expectativas y tareas asignadas. Por lo tanto, es necesario brindar una explicación detallada de estos aspectos al individuo. En casos de timidez, identificar sus intereses personales puede motivarlo a participar más activamente en el grupo.


Además, es recomendable que el líder del equipo le transmita al desubicado el sentimiento general del grupo en relación con su actitud, evitando convertirlo en un ataque personal. Enumerar las consecuencias positivas que pueden surgir de las propuestas y acciones del equipo también ayudará a que el individuo se enfoque en sus objetivos y responsabilidades.


El sabelotodo: Este tipo de persona tiende a querer hacer todo el trabajo por sí mismo, desconfiando de las habilidades de los demás. Además, intenta imponer sus ideas y se muestra incómodo al tener que reunirse con los demás miembros del equipo.

Para abordar esta situación, es fundamental dejar claro que la actitud del sabelotodo tiene un impacto negativo en el equipo y que cada miembro posee cualidades valiosas para el éxito del proyecto. Realizar reuniones periódicas donde cada miembro pueda compartir sus avances es una forma efectiva de hacer seguimiento a los objetivos y disminuir la ansiedad del sabelotodo.


Si se trata de un grupo de estudio, es importante evitar utilizar conocimientos que no se hayan visto en clase, para neutralizar las aspiraciones excesivas de este tipo de personas. Asimismo, es necesario defender las opiniones e ideas de los demás miembros del equipo, basándose en argumentos sólidos y considerando las opciones que generen el mayor beneficio para el grupo y los objetivos establecidos.


Es importante tener en cuenta que, además de estos perfiles específicos, los conflictos pueden surgir debido a las diferentes perspectivas y valores que cada individuo aporta al equipo. Algunos miembros pueden tener una visión distinta de los objetivos, mientras que otros pueden aspirar a superarlos o conformarse con metas más modestas. Esto puede generar desigualdades en la distribución de la carga de trabajo.


Para abordar esta situación, es fundamental establecer niveles de calidad que se desean alcanzar para cada objetivo. Asimismo, se deben establecer valores mínimos a nivel individual y especificar la contribución esperada de cada miembro del equipo. Si el miembro más ambicioso no se siente satisfecho, se pueden proponer actividades complementarias que agreguen valor al resultado final obtenido.


En última instancia, para lograr el éxito en cualquier emprendimiento en equipo, es esencial emplear la comunicación asertiva. Esta forma de comunicación implica expresar claramente los mensajes de manera oral y gestual, evitando confusiones y malas interpretaciones, al mismo tiempo que se mantiene empatía hacia los demás. Comunicarse de manera efectiva y en un entorno positivo, sin generar conflictos, constituye la clave para el éxito en las relaciones interpersonales y en los equipos de trabajo.


Como menciona el sociólogo y experto en resolución de conflictos, John A. Scherer, "La resolución efectiva de conflictos en equipos de trabajo requiere la combinación de normas claras, comunicación abierta y respeto mutuo. Solo a través de un enfoque colaborativo y empático se pueden superar los obstáculos y alcanzar resultados exitosos". En este sentido, la aplicación de las técnicas mencionadas y la comprensión de la diversidad de personalidades en el equipo serán fundamentales para promover la armonía y la productividad en el trabajo en equipo.


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